La verdad misma – Absolute truth
Posted by By Gwen at 12 January, at 12 : 36 PM Print
There is no way to get around it, I have to copy this editorial out in full because it hits on the button about the state of affairs in Spain today. Apologies to non-Spanish readers, but no translation for now. Elvira Lindo, a well-known author who has published a series of children’s books based around an adorable character called Manolito Gafotas, and who is also married to another renowned cultural figure, Antonio Muñoz Molina, write a regular column in El País. Since she is the sacred list of “famosísimos” but notably in literary and “intellectual” circles, then her column is daily and essentially she is free (it would seem) to write pretty much what she pleases.
So, here goes–her column from Wednesday January 11 2012 lays out some home truths about absurd Spanish behavior over the past twenty years that has contributed to mire the country so deeply in its own sh%@.
Como la memoria es débil podemos caer en el error de que todo ocurrió a nuestras espaldas. El enriquecimiento de Matas, los trajes de Camps, Gürtel, el proyecto Palma-Arena, los negocietes gaseosos del yerno, los aeropuertos fantasma, las ciudades diseñadas por un mismo arquitecto, las televisiones autonómicas deficitarias e hinchadas de plantilla, los ERE falseados, los periodistas al dictado de las autoridades, los viajes de políticos autonómicos al extranjero con un séquito en el que iban incluidos periodistas destinados a hablar del impacto de la visita de su presidente, el alquiler de uno de los salones del Waldorf Astoria (por ejemplo) para presentar un premio de poesía granadino, el incomprensible cambio de los viejos adoquines de ciudades y pueblos por suelos hormigonescos, los sueños de El Pocero en Seseña, los museos que fueron construidos aunque no hubiera obra con los que llenarlos, las universidades que fueron construidas aunque no hubiera estudiantes con que llenarlas, el chollo en que se convirtió España para los arquitectos estrella, la insostenibilidad de muchas de esas construcciones mostrencas, la destrucción sistemática de las costas españolas, la manera en que se aceptó que la cultura tenía que cambiar de signo según quien gobernara, la resignación con que se aceptó que las televisiones autonómicas cambiaran de sesgo editorial según quien hubiera ganado las elecciones, la impotencia con que se asumió que cada partido podía cambiar todos los cargos culturales cuando llegara al poder, las urbanizaciones hoy convertidas en poblados fantasma que destrozaron parajes naturales…
Abrimos hoy el periódico y viendo entrar en los juzgados a alguno de los personajes que protagonizaron tal desvarío nos echamos las manos a la cabeza. Pero ¿no ocurrió todo eso delante de nuestros ojos?
La santa verdad. La verdad como la vida misma. Verdad de la buena. Verdad absoluta. Suma verdad.






